Helados para intolerantes a la lactosa

Helado sin lactosa

Uno de los alimentos asociados al verano son los helados. En todas sus versiones, desde el clásico cucurucho o tarrina, pasando por el helado “de palo” o los granizados, nos ayudan a refrescar los días donde aprieta el calor. Los intolerantes a la lactosa no tienen por qué prescindir de este refrescante alimento, aunque en muchas ocasiones la leche es uno de sus principales componentes.


La intolerancia a la lactosa es una condición de base genética por la cual, de forma progresiva a partir de los 5 ó 6 años, se pierde la capacidad de digerir la lactosa. Este azúcar está formado por la unión de glucosa y galactosa, y para separar ambos necesitamos una enzima llamada lactasa. Cuando ésta falta, o está presente en cantidades limitadas, tenemos dificultades para digerir la lactosa, lo que causa síntomas como dolor abdominal o diarreas.

Helado de fresa para alergicos

Si se sospecha de intolerancia a la lactosa, es conveniente tener una respuesta clara, ya que algunas situaciones como infecciones intestinales pueden provocar una intolerancia transitoria. Con un sencillo test genético es posible determinar si somos o no intolerantes a la lactosa, con un alto nivel de fiabilidad. Una vez que sepamos que somos intolerantes a la lactosa, podemos adaptar nuestra dieta para evitar las molestias asociadas al consumo de lácteos. Se estima que entre un 40 y un 60% de la población española es intolerante a la lactosa.

Ser intolerante a la lactosa no implica dejar de consumir lácteos de por vida. En primer lugar, porque se suele tolerar una cantidad limitada de este azúcar (entre 12 a 15 gramos al día), aunque hay casos de intolerancia severa. Y, en segundo lugar, porque existen productos lácteos cuyo contenido en lactosa es bajo. Es el caso de los fermentados (yogures, quesos semicurados y curados) que pueden consumirse en cantidades limitadas, siempre y cuando no se tenga una intolerancia severa.

Hay alternativas de helados aptas para los intolerantes a la lactosa.

¿Y los helados?

Con el calor del verano no cabe duda que uno de los alimentos estrella son los helados. El intolerante a la lactosa puede tener dudas sobre su consumo, pero, como indicamos, no es necesario privarse por completo de ellos.

En primer lugar, hay que prestar atención al etiquetado. Afortunadamente y gracias a la normativa sobre etiquetado de alimentos, la lactosa se encuentra como uno de los 14 alérgenos de declaración obligatoria. Por tanto, basta con leer la letra pequeña de los ingredientes para comprobar si la leche, productos lácteos o lactosa, forman parte de la composición.

Esto es más que probable en todo tipo de helados cremosos, donde puede ser difícil encontrarlos aptos para intolerantes a la lactosa. Con disponibilidad limitada, se pueden encontrar helados cremosos a base de leche sin lactosa o de alternativas vegetales como la soja, y que claramente incluyen en el etiquetado la mención “sin lactosa”.

Los polos de hielo y los granizados de limón o café, las apuestas más seguras.

El recurso más socorrido para el intolerante son los clásicos helados “de hielo”, donde la probabilidad de encontrar lactosa o leche es menor. Es, no obstante, necesario comprobar el listado de ingredientes. El granizado de limón, por definición, no debería contener leche ni lactosa, y es un buen comodín, al igual que el granizado de café. Uno de los helados que más dudas suscita es la horchata de chufa. Si bien en su receta tradicional no incluye la leche, en ocasiones se utiliza como base o aditivo “de relleno”. En cualquier caso, siempre debemos consultar el etiquetado si es una bebida envasada, o pedir el listado de alérgenos si se sirve a granel en el local.

Otro aspecto que se suele olvidar es el de los barquillos que acompañan a cucuruchos o helados tipo sándwich. Pueden contener leche en su composición, hecho que es recomendable también comprobar.

Leer el etiquetado es fundamental para un consumo seguro.

Para terminar, también podemos encontrarnos con una frase del tipo “Fabricado en una instalación donde se manipula leche…”. Este tipo de textos se incluyen para indicar el posible riesgo de contaminación cruzada con algunas sustancias que se manipulan en la misma instalación, y que pueden ser problemáticos para alérgicos. No es el caso de los intolerantes a la lactosa, ya que como hemos señalado pueden tolerar cantidades de hasta unos 12 gramos en una sola toma, cantidad que nunca se debería poder alcanzar por contaminación cruzada.

En definitiva, hay formas de poder disfrutar de un buen helado en verano con seguridad. Tan solo debemos leer la letra pequeña y recurrir a las alternativas más seguras, con los clásicos polos de hielo y granizados.

2 comentarios en “Helados para intolerantes a la lactosa

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